lunes, 26 de septiembre de 2016

Extraterrestres...

Cuando pensamos en extraterrestres, los que ya tenemos una edad, nos imaginamos al inefable E.T. con sus andares desgarbados, su dedo luminoso y su inseparable amigo Eliot junto a él. 



Otros con menos años pueden pensar en aquellos alienígenas a los que Will Smith masacraba en Independence Day, en los que intentaban acabar con Noah Wyle en Falling Skies o aquellos Aliens que eran la pesadilla de Sigourney Weaver. Sí, me habéis pillado, me gustan las películas y las de extraterrestres suelen dejarme sentado en la butaca con la boca abierta durante las dos horas que duran normalmente.

Una vez dicho lo anterior os confesaré que cuando pienso en extraterrestres estoy más cerca de imaginármelos pequeños,..., muy pequeños. Yo pienso que viven en colonias de miles de millones de seres, muy cerquita unos de otros dándose calor mútuamente en un frágil equilibrio entre la vida y la muerte. Pienso que están muy cerca de nosotros, quizás aguardando bajo la capa de hielo de Europa y próximos al fondo rocoso en la negrura abisal, arracimados junto a alguna chimenea subterránea del satélite. No tienen brazos, ni piernas, ni ojos,...son bacterias sencillas, adaptadas a la vida en condiciones de presión casi inimaginables, con un organismo preparado para soportar la ausencia de oxígeno e incluso con base de silicio en lugar de carbono. Quizás no sea muy efectista esta imagen, ni tenga una imaginación desbordante...pero es lo que me imagino.

Quién sabe...igual somos nosotros quienes les visitamos primero cuando en 2020 se lance el cohete provisto de sondas hacia la distante luna de Júpiter.

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